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Me desnudaste

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Tú lo cavilabas, yo apenas lo percibía.
Tus intenciones eran obvias, adjudicarte un riesgo vedado.
Te afanaste por estar en primera fila, pero discreto, agachado, ahí, donde solo yo te veía.
Poco a poco, el disimulo parecía sobrar, era evidente, para ti y para mí, pero también para el resto.
En nuestro pequeño silencio, un silencio de dos y un escándalo de muchos.
Ahí, en la intimidad, donde todo lo que decíamos era la utopía del otro.
Dejando atrás los miedos, la incertidumbre, los caminos y las opciones.
Me desnudaste.
Me desnudaste en un instante, que fueron meses. Un instante que acabó en un segundo, que transitó, como un parpadeo, breve e imprevisto.
Un inmediato, que acabó de manera simultánea con nuestros labios, cuando escribíamos en nuestras memorias, las promesas de los “para siempre”
Promesas, que parecen siempre venir defectuosas. Parecieran no tener validez, o veracidad.
Palabras, cargadas de tanto. Aunque a veces se queden en el papel.
Palabras, que, sin acción, no son…

Dios Sabrá cuanto te amo.

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Esta historia NO esta basada en hechos de la vida real. Disfrutenla, y no se pierdan

Y le decia negro, como el café

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Luego de todo esto, está el café, con su aroma, su color, su sabor. Sin mucha azúcar, sin excesos, natural, recién molido. En la justa medida, perfecto para todos los gustos. Sin embargo, el café también se derrama. ¿Será que derramamos el café?
Él, ¡Dios, como me mata ese hombre! Mi negro, negro como el café, tal vez nunca se preguntó porque le decía así. Café que no tiene dueño, que es deseado por muchos, pero que puede ser tan amargo o dulce como lo desees, en mi caso, este café era tan amargo o dulce, como el miedo permitiera. Este café que es de todos, pero puede hacerse tan propio mientras lo pruebas, que lo sientes tuyo. Él, con quien me perdía en canciones, en historias, en emociones. Dueño de mis sueños, despierta en la mañana, y mis desvelos, en la noche. Dueño de aquellos momentos, en los que me perdía en la inmensidad, de este cielo estrellado, bajo aquella luz amarilla, luz de luna, que me hace sentir en nubes, bailando o escuchando una y otra vez nuestra extraña melodía. Tú, que m…

Nuestro eterno infinito, aunque ni eterno, ni infinito.

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Lo dije y lo sostengo, un sentir disímil es más dañino que un amor no correspondido. En el escrito anterior, vimos cómo se puede herir sin querer y querer sin ser correspondido. En este advertiremos, como el amor se puede evitar. Con él, viví un sentimiento destructivo, pero seductor. Si dos corazones hacen contacto en el momento exacto, a través de las miradas, debes saber que estás perdido, pues lo que vendrá será difícil de parar. De momentos inesperados, pero totalmente oportunos, surgió aquello que pudo ser “El amor de mi vida” La aventura y la novedad impregnaron nuestros encuentros y el sentimiento, sin avisar, abandonó nuestros cuerpos, tomando las decisiones y obrando sin consultar al patrón, que era el cerebro. Lo sé, parecía amor. Lo sé, tal vez él me amaba. Pero el miedo, ese astuto sentimiento, le ganó a la certeza y se instaló en nuestra confianza. Casi sin avisar, casi sin pensarlo, la pasión y la concupiscencia empujaban con astucia. Pero cuando el nombre quiso ser parte, la for…

Endulzando mi desabrido sentimiento, y le llamaste amor.

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Nadie hacia las sardinas tan saladas como mi madre, y el arroz tan desabrido. Quizá una de las primeras lecciones, es que, en la vida, es necesario vivir los excesos, para anhelar conocer la medida correcta. Yo viví un exceso, de los que pueden ser dulces, desde un punto de vista de “Empalagamiento Masivo” sin embargo, al terminar lo que sea que sucedió, el sabor no era dulce, era salado, tanto, como las sardinas de mi madre. En un saludo, bastante apenado para los dos, comenzó todo, tal vez porque ya estaba bastante predispuesta. De miradas y sonrisas comprometedoras tengo mucho que decir, pues lo que para mí era bochorno, para él era señal de gusto. Y no lo niego, la atracción existía, sin embargo, un sentir disímil es mas dañino que un amor no correspondido. Con mis miradas, te envolví. Con mis sonrisas, te atrapé. Entre palabras y otros hechizos, cuando lo noté, me pertenecías. Cuanta maldad, tras un sentimiento, así lo veía el mundo, el tan bueno, ella tan desconsiderada. Y aunque lo sufrí…

Ex Nihilo Nihil Fit - Nada Proviene de la nada.

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Como muchos, también lo cuestiono. “El principio de todo”. Son tantos los que ven esto como una verdad. Es incluso un poco más fácil, ver la nada como origen y no darle nombre. Pero… ¿qué es esa nada? Como puede algo que no es, ser. Cómo es posible que tanto proviniera de lo que parece ser poco, mejor aún, lo que no es. Es curioso, ser el todo y la nada, pero más curioso es intentar comprenderlo. Como con Dios, él que es el arché, alfa y omega, todo y nada. Viendo claro, la nada como un todo que es principio. Y si Dios es Amor, entonces el principio y el fin, es el amor. El todo y la nada, es el amor. El origen que tanto deseamos conocer, en definitiva, puede ser fruto del amor. Entre grandes historias, la creación… pero hoy no hablaremos de ella, hablaremos en particular, de otra historia de amor. Es mi historia, pero es también, la historia de todos aquellos que saben lo que es amar. Que saben, como se puede ser todo y nada, entendiéndolo, bajo la perspectiva del inicio. Y no hablo de los…

La Sombra de una Certeza

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Dijiste que te gustaba la música alternativa, en ese momento jamás se me ocurrió, qué como la música, yo también pasaría a ser eso, la alternativa de una opción. Nunca imagine futuro, no había posibilidad, pero bajo la luz de la luna, justo antes de dormir, tras tu mensaje de buenas noches, sonreía, sabía que, en la infinidad de nuestros días, el amor perduraría, pues en palabras, compartíamos la certeza de conocer el amor. Palabras y más palabras, me abordaban y alegraban. Tus sentidos en los míos, tu pensar, tu cariño, éramos uno. Entre el choque de sentimientos, me inundaban las preguntas, cómo hacer si ese valioso corazón me dejaba, sin opciones, sin llevarse consigo mis sentimientos, cómo haría si otra descubría lo que yo vi, sabía que podría soportar, sufrir, esperar, como en la biblia lo había aprendido, pero, si de eso se trataba el amor, ¿qué tenía yo que esperar? Estaba decidida, viviría la peligrosa condena. De cualquier forma, no era una pregunta, no era una intención, no era…